En un vulgar desfile se convirtió la fiesta del Halloween durante los últimos años en Cartago.
Cada 31 de octubre, sin Dios ni Ley, la gente se toma las vías con sus automóviles, camiones, camionetas, taxis, motos y bicicletas para hacer la fiesta de la maicena y lanzarla a cuanta persona adulta, joven o niño que esté apostada en los andenes o parques viendo desfilar de todo.
Ya no es la fiesta de los niños, sino de los grandes disfrazados de cuanta ocurrencia llega a su imaginación, siendo el más apetecido el de gay, le sigue el de bruja y luego el de abuelita y el de enfermera.
Pero definitivamente el disfraz de gay es el que más llama la atención, por lo menos es el que más hace reír a la gente, pues a esos caballeros les parece mucha gracia ponerse una minifalda, algo de relleno de puchecas, tangas y mostrarle esto a los cartagüeños.
En este carnaval, hasta cualquier chilango sirve para ponerse encima, lo que importa es engrosar el desorden, acelerar la moto y tirar maicena, subirse a los andenes y empavonar las casas y almacenes con fécula de maíz. Lastima el desperdicio de un alimento, pues muchos ni siquiera tienen que comer en casa o no saben lo que es disfrutar de una deliciosa colada de este producto.
La fiesta de Halloween, ahora es un pretexto para disfrazarse y más que un carnaval es una fiesta de locos a la víspera de todos los santos que se celebra el 2 de noviembre.